INTENTOS DE ESPERANZA
Cuestión de creerse
lo que dicen que sucede,
permitir que avance el día
y se produzca la bondad
del desayuno caliente,
clamar alto en el silencio:
"Vas a ver, dura experiencia,
de qué vale un "homo" iluso,
si se empeña en ser un alguien",
saludar, entusiasmados de estar vivos,
a cualquier desconocido
y, en los parques, a los bancos,
prepararse a ser llevados
por la inercia del destino
a cualquier parte
sin decir: "Qué mala pata".
Es cuestión, por lo que siento,
de creerse,
que mejor es regalar que preservar,
mejor fiarse que enfriarse
y que este día, en su sustancia,
es suficiente para darse a todo aquello
que jamás creimos cierto que ocurriera.
Más o menos, eso es justo lo que pienso,
mientras va avanzando octubre,
y escarchándose el aliento, el pensamiento, los tejados,
y a menudo los intentos de esperanza
en esta vieja, azul, Castilla.
