AQUI VOY
Aquí voy desnudo y roto
con los huesos quebrantados,
chapoteando la tarde
sus charcos con mis restos,
construyendo las heridas
nueva piel que me disfrace.
Aquí voy
sobrecargado de intenciones
casi siempre ineficaces,
si se trata de evitar
que el día me encuentre
en su reparto de derrotas.
Al principio de qué sea,
sin embargo,
también voy rompiendo hielo,
como el ánima valiente
que se atreve a dar sinceros
manotazos a variadas decepciones
que le quieran disuadir
de la vivencia.
Voy delante
de no sé qué batallones,
convencido de que es mucho más honesto
encaramarme en la experiencia
y darle gracias a la vida, por si fuera dadivosa,
que esperar cualquier salvífico
infrecuente,
pase mágico en que surjan soluciones eficaces
no pedidas.
Así marcho, cabizbajo,
pero altivo interiormente,
con la firme convicción
de defenderme en el combate
hasta que dure y ya habrá luz
o sombra impuesta cuando toque,
que me aplauda haber vencido alguna vez
lo inevitable.
Voy ganando, duramente,
alguna guerra, lo declaro,
y soy feliz de vez en cuando
sin que tengan que contármelo los rectos.
Cuando pasa como ahora, ya cansado,
me retiro a mis cuarteles -como el año que termina-
donde huele a musa inquieta y calma plena
con regusto indefinido a Navidad.
Volveré por primavera, sin embargo,
porque es poco lo que he dado y quiero más.
