ALCÁZAR
Los sueños de princesas aún se adhieren
a sus techos y me siento muy pequeño,
casi nimio, atravesando su foso, cruzando
los patios colosales, subiendo a la torre
inacabable helicoidal.
El pozo guarda para siempre las miradas
de todo el que se asoma a interrogarlo
y la música de ambiente está formada
por el eco de las voces infantiles desnudadas
por la historia que aquí gime.
El castillo, por las noches,
juega a ser nave varada entre trigales.
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