lunes, 1 de agosto de 2016

SONRISA ACUMULADA













Ser conscientes de ello duele;
no cabe duda:
del carecer de sentido la vida.
Es preferible que la alondra
la amapola, el alcotán y el índigo,
el ir y el venir, el musgo y la hortensia,
incluso las victorias o los vientos favorables
nada signifiquen.
Pero la vida, ¡hombre!
cómo no somos capaces de hacerle apaño
y un lazo en el pelo a la vida; un poema,
algo que le aleje de los puentes
donde busca asfaltarse de sangre
el gusto metálico de las decepciones.
Algo como aquello que las huellas
le deben a las sandalias
y ellas a los pies y estos a los suspiros
que impulsan a los peregrinos de una parte a otra.
Tiene que haber suficiente sonrisa acumulada
en las miradas, por ejemplo,
para avanzar sobre el propio avanzar,
para venerar la primavera
por ser una inútil promesa de sí misma:
la propia mano abierta, profetizando
la propia mano abierta,

sin sentido ni dirección que le atenace.

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