LEJANA CANCIÓN DE JUVENTUD
Como la tarde se inventa,
en las sombras veteadas del jardín,
los rumores,
así se muestra de sumiso el aparecer observante
de los ancianos, sin preguntas.
Sintiéndose viajeros
que desconocen su punto de partida
y donde alberga su equipaje, el futuro,
toman posesión de los bancos,
disponiéndose al traslado a lomos
de esta brisa liviana
que les conduce siempre,
al propio aquí del lugar.
Cada cual
con sus miedos y cuidados ya formados,
con sus apetencias e ilusiones reconducidas
a los cauces legales ya escritos,
con el silencio y la paz nutriente
como punto de mira insoslayable.
Cada cual con su “run-run” interiorizado,
su soportar a diario los recuerdos
y la esperanza del crucigrama, la sopa,
el partido o el poema inacabado,
el amor herido no enterrado,
obra inconclusa, cuerpo débil,
débil luchando
por ser mañana un hoy,
sobre el tarareo indefinido
de una lejana canción de juventud.
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