SERES DESCONOCIDOS
Continuamente damos vida
a seres desconocidos que nos habitan.
Ellos saben presentarse a deshora
para no ser observados,
reservarse algún lugar privilegiado
en nuestro cuerpo y luego amar,
odiar, reír y diluirse en el olvido
sin hablar del alquiler
ni en un papel decir adiós:
trasiego loco inopinado,
que nos puede y nos pregunta
con razón, muy a menudo,
quienes somos,
sin lograr respuesta cierta.
Ellos son, y dejan huella
conformándonos pasivos.
No sabemos a fe cierta, por lo tanto,
si emplear tan a menudo las palabras
yo y mí mismo,
ante el confuso panorama presentado.
Puede ser más apropiado
franquearles nuevas puertas
y aumentar nuestra riqueza espiritual
con sus visitas,
que cerrarlas
arriesgándonos a ser
tan responsables
de los actos personales, que dé miedo.
Puede ser beneficioso, es indudable,
diluir la egolatría en agradable compañía.
Puede ser,
hoy no lo dudo.
Norberto (06/03/08)
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